MOU Disseny, estudio de la Colegiada Iolanda Gimeno (Col. nº 0626), presenta el proyecto en procés, un espacio de workspace que entiende el trabajo como un estado en continuo movimiento. Un lugar donde el diseño no se concibe como resultado cerrado, sino como proceso abierto, compartido y en transformación constante.
Nace de la convivencia de tres prácticas creativas —interiorismo, fotografía y diseño gráfico— que se cruzan en un mismo entorno físico y mental. Esta superposición no busca la fusión, sino la fricción productiva: un espacio donde las disciplinas se observan, se contaminan y se amplifican entre sí.
El proyecto se articula desde la flexibilidad como principio estructural. No hay una única manera de habitarlo, porque tampoco hay una única manera de trabajar. El espacio se adapta a los ritmos del pensamiento, a las fases del proyecto y a las distintas intensidades de la creación. Es simultáneamente taller, oficina, estudio, sala de ensayo y lugar de pausa.
El programa se completa con dos piezas clave: Roglet, una sala de reuniones diseñada para encuentros con clientes, sesiones de equipo o colaboraciones híbridas; y Saleta, una cabina acústica concebida para llamadas, videollamadas o reuniones de pequeño formato que requieren mayor concentración. Ambas incorporan soluciones acústicas específicas, como puertas técnicas, que garantizan el confort sonoro sin renunciar a la continuidad espacial.
El espacio se complementa con un office y un aseo, y culmina en el Àtic, una zona más íntima que funciona como refugio dentro del propio entorno de trabajo: un lugar para parar, pensar o simplemente cambiar de ritmo.
A nivel material, el proyecto busca un equilibrio entre neutralidad y calidez. El pavimento porcelánico continuo, en formato 100×100 y acabado tipo cemento en tono gris medio de Tau Cerámica, establece una base homogénea y resistente que acompaña la versatilidad del uso. Las superficies de trabajo y elementos de señalética se resuelven con tablero de Finsa chapado en roble y acabado mate, aportando textura y proximidad.
La intervención dialoga con lo preexistente desde una lógica de recuperación y honestidad constructiva. En las salas se han restaurado las vigas de madera originales, mientras que en el espacio principal se opta por dejar las instalaciones vistas, poniendo en valor la infraestructura del lugar. Este gesto se refuerza con la recuperación de molduras y rosetones, integrando capas temporales que aportan identidad y profundidad al conjunto.
El proyecto incorpora también mobiliario heredado del inquilino anterior —como la mesa de corte de vidrio o bancos existentes— que se recontextualiza dentro del nuevo uso, reforzando una mirada consciente hacia los recursos y la memoria del espacio.
Más allá de su configuración física, en procés se entiende como un ecosistema de trabajo compartido, donde conviven distintas disciplinas que se enriquecen mutuamente. Un lugar donde los procesos importan tanto como los resultados, y donde el espacio actúa como una herramienta activa para potenciar la creatividad, la colaboración y la construcción de comunidad.
Fotos: Carmina Marco fotografía












