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NUEVO PROYECTO DE CARMEN BASELGA · ACACIAS | VILLA EN EL CAMPO

Hay espacios esperando ser descubiertos y recuperados, que se perciben como incompletos, decadentes, medio abandonados, lugares que finalmente se completan y revitalizan con la persona o personas que los habitan.

Es el caso de esta villa cuyos propietarios tardaron años en encontrar pero que inmediatamente identificaron como el lugar ideal para una nueva etapa vital, decidiendo encargar el proyecto de rehabilitación y actualización al estudio de Carmen Baselga (C. 0008), por su maestría a la hora de integrar elementos de actualidad manteniendo el genius loci, es decir, respetando el entorno y la energía original del lugar.

Enclavada en un paisaje de pinos y abierta al horizonte mediterráneo, esta vivienda familiar se reinterpreta desde una mirada contemporánea que pone en valor lo esencial: la luz, la relación con la naturaleza y los espacios compartidos. El proyecto de rehabilitación no busca únicamente actualizar la arquitectura existente, sino redefinir la manera de habitarla, transformándola en un refugio donde el tiempo se desacelera y la vida cotidiana se celebra.

Desde la llegada, la intervención establece un diálogo directo con la tradición. Dos cipreses flanquean la puerta principal, recuperando un gesto profundamente arraigado en la cultura mediterránea. Más allá de su presencia vertical y escultórica, estos árboles funcionan como símbolo de hospitalidad, longevidad y buena fortuna. Actúan como umbral natural, marcando la transición entre el exterior y el interior y anticipando la atmósfera serena que define toda la vivienda.

Esta relación con el jardín se extiende también a la propia envolvente de la casa. La fachada se concibe como una prolongación del paisaje. A imagen y semejanza del jardín, donde se combinan el verde de la vegetación con jardineras y elementos en acero corten, la fachada adopta una paleta material coherente y matizada. El uso de tonalidades verdes dialoga con el arbolado circundante, mientras que los matices marrones del acero corten y la madera original aportan calidez y arraigo.

El proyecto se articula en torno a la idea de convivencia. En este sentido, la cocina adquiere un protagonismo singular, alejándose de su concepción tradicional para convertirse en el verdadero corazón de la casa. Con una superficie cercana a los 100 metros cuadrados, este espacio se concibe como un ámbito híbrido, abierto y flexible, donde cocinar es solo una de las múltiples actividades posibles.

La cocina se organiza en distintas zonas que permiten usos simultáneos: desde la preparación de alimentos hasta el encuentro familiar, el trabajo o el descanso. Es un lugar donde compartir una comida, mantener una conversación o simplemente disfrutar de un café. La amplitud y la continuidad visual refuerzan esta sensación de espacio vivido, en el que las fronteras funcionales se diluyen para dar paso a una experiencia doméstica más rica y dinámica. La caja de vidrio central que articula este espacio enmarca las escaleras que nos llevan a la bodega ubicada en el sótano.

Su conexión con otras zonas anexas del exterior es clave en esta configuración. Por un lado, un gran ventanal permite que la mirada se proyecte hacia el jardín, mientras que por el lateral se accede a una zona exterior cubierta que amplía el espacio habitable. Aquí se ubican un paellero y un lavadero, integrados bajo una pérgola acristalada que actúa como filtro climático. Esta estructura ligera permite disfrutar del exterior durante todo el año, protegiendo de la intemperie y permitiendo una relación constante con el paisaje.

En la planta superior, el ámbito privado se organiza en torno a los dormitorios. El dormitorio principal se extiende hacia una gran terraza que, al igual que la cocina, incorpora una pérgola de vidrio. Este espacio exterior protegido se transforma en un lugar de trabajo o lectura especialmente confortable: bajo la sombra de los pinos y con vistas abiertas hacia el horizonte donde puede verse el mar, ofrece un entorno que combina concentración y bienestar. La arquitectura, en este punto, se convierte en mediadora entre el cuerpo y el paisaje, favoreciendo una experiencia sensorial pausada.

Uno de los ejes fundamentales del proyecto es la gestión de la luz. La intervención busca potenciar al máximo la entrada de luz natural, entendida no solo como recurso funcional, sino como material arquitectónico. La luz se filtra a través de la vegetación circundante, generando sombras cambiantes y texturas que evolucionan a lo largo del día. Este fenómeno, característico del entorno, se traslada al interior mediante una cuidada estrategia de aperturas y transparencias con elementos textiles a base de linos naturales.

La reinterpretación de esta luz natural se completa con el diseño de la iluminación artificial. Lejos de plantearse como un sistema uniforme, se concibe como una herramienta para recrear atmósferas diversas. A través de juegos de claroscuros y diferentes intensidades lumínicas, los espacios se adaptan a los distintos momentos del día y a las necesidades de sus habitantes.

Más allá de sus cualidades espaciales, la intervención responde a una aspiración contemporánea cada vez más necesaria: la creación de espacios que favorezcan el bienestar. La disposición de la vivienda, la presencia constante de la naturaleza y la calidad de la luz contribuyen a generar un ambiente de calma. Este entorno promueve la desconexión digital, reduce el estrés y fomenta formas de convivencia más conscientes y cercanas.

En este sentido, el proyecto no solo plantea una mejora funcional o estética, sino una transformación en la manera de habitar. La casa deja de ser un mero contenedor para convertirse en un escenario de experiencias cotidianas más plenas. Desde el gesto de cruzar la entrada entre cipreses hasta la pausa de trabajar bajo los pinos o compartir una comida en la cocina, cada espacio invita a habitar con mayor atención y disfrute.

La rehabilitación demuestra cómo, a través de decisiones precisas y sensibles, es posible reinterpretar la arquitectura existente sin perder su vinculación con el lugar. El resultado es una vivienda que dialoga con su entorno mediterráneo de forma natural, integrando tradición y contemporaneidad en un equilibrio sereno.

Fotos: Mayte Piera